Gijón 2026: ciudad de bajas emisiones

  • Las restricciones en la zona ORA, la primera de las medidas

La contaminación atmosférica es un problema para la salud de las personas y para el planeta. Tres datos: según la Organización de Naciones Unidas, el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero se producen en las ciudades, y en nuestro país el Ministerio para la Transición Ecológica sitúa en el 25% las emisiones procedentes del tráfico rodado. El tercer dato es la consecuencia de los dos primeros sobre la salud de las personas: la mala calidad del aire causa una de cada cinco muertes prematuras al año en el mundo, en el caso de España un 10,7% del total, de acuerdo con un estudio liderado por la Universidad de Harvard. 

La contaminación del aire es por tanto un problema global, con causas identificadas y consecuencias probadas, que debe hacer pasar de la preocupación a la acción a instituciones, empresas y ciudadanía. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Cumbre del Clima de Glasgow acaban de fijar nuevas recomendaciones y adquirir nuevos compromisos que fijan un nuevo horizonte normativo en el corto plazo que tendrá también su impacto en el ámbito local a la vista de que los nuevos indicadores ponen el foco, de manera especial, en los contaminantes emitidos por los vehículos que funcionan con motores de combustión. Ciudades como la nuestra no solo no son ajenas a la crisis climática y sus consecuencias, sino que contribuyen activamente a ellas. De las ochenta ciudades más grandes de nuestro país, solo siete cumplirían los nuevos límites de seguridad ambiental adoptados por la OMS, y la nuestra no sería una de ellas. 

Esta es la razón por la que Gijón ha iniciado un proceso de transformación urbana similar al que están realizando otras ciudades españolas y europeas. Un plan de acción global, progresivo y ambicioso que no se reduce a una medida concreta ni a una zona de la ciudad determinada, sino que ordena en un espacio temporal de cinco años la consecución de una serie de objetivos para mejorar la calidad del aire que respiramos. 

La Ordenanza de Movilidad Sostenible, aprobada el pasado mes de junio con aportaciones de diferentes colectivos sociales y el apoyo de dos tercios de la Corporación, es el primer instrumento diseñado en nuestra ciudad para ello. Gijón cuenta hoy con una norma comprometida con el medio ambiente que a lo largo de los próximos años va a permitir desplegar diferentes medidas que contribuirán a la mejora de la calidad del aire en la zona urbana: las restricciones de aparcamiento en la zona ORA a partir del 1 enero de 2022 para vehículos sin distintivo ambiental constituyen la primera medida, pero le seguirán otras, como las restricciones de circulación a partir de 2026, el diseño de entornos escolares seguros o la implantación de zonas de bajas emisiones, la primera de ellas en el barrio de La Calzada, en el que la oportunidad de los fondos europeos y la construcción de infraestructuras pendientes, como el vial de Jove, permitirán impulsar un nuevo diseño del espacio público y un modelo de movilidad sostenible. 

El conjunto de las medidas que se irán desarrollando hasta 2026, junto a las actuaciones que recogerán el Plan de Movilidad Sostenible, el Plan Director de Proyectos de Naturalización o la renovación del alumbrado público, con un sistema de gestión inteligente que conllevará un importante ahorro energético, harán de Gijón una ciudad más habitable, a una escala más humana, más respetuosa con el medio ambiente y más protectora de la salud de las personas. 

Sin embargo, este proceso de transformación urbana que busca, entre otros objetivos, mejorar la calidad del aire estaría incompleto si obviásemos a dos agentes que intervienen directamente en él: la industria y el puerto. Por eso medidas como las contenidas en el plan del aire del Gobierno de Asturias para la zona oeste, a desarrollar en el próximo año y medio, para reducir la emisión de partículas a la atmósfera; el plan de descarbonización de ARCELOR MITTAL, anunciado por la empresa y el Gobierno de España y que estará finalizado en 2025; o las inversiones ambientales presupuestadas y planificadas por la Autoridad Portuaria en El Musel, que sin duda verá además reducido el tráfico de carbones durante los próximos años, son buenas noticias para nuestra ciudad porque contribuirán a los objetivos que nos hemos marcado. La transformación de nuestro espacio urbano es imparable, porque lo son las causas que lo impulsan si no actuamos. Por eso tenemos una hoja de ruta clara para un objetivo que debe ser compartido: que Gijón sea en 2026 una ciudad de bajas emisiones. Por nuestra salud y por la salud del planeta.