La importancia del pacto

Que nuestra joven democracia aún necesita consolidación y profundización es algo en lo que una amplia mayoría de los españoles podemos coincidir. Las democracias europeas de nuestro entorno, con más años de rodaje que la nuestra, cuentan con arquitecturas institucionales y mecanismos de control y garantía, participación y rendición de cuentas que superan en buena medida a los nuestros. España tiene mucho que avanzar en esta materia. Pero no solo en la formalidad está la diferencia. Nuestro país necesita parecerse más a la Europa desarrollada en la configuración de su sistema democrático, pero también en cómo actúan en él los partidos políticos y sus representantes institucionales. 

La crisis del bipartidismo en España abrió en nuestro país una oportunidad para la política. El fin de las mayorías absolutas y de la alternancia, y la necesidad del entendimiento entre los diferentes para la formación de gobiernos, supusieron un punto de inflexión que debería haber servido para avanzar en la profundización de nuestra democracia. Sin embargo, lejos siquiera de rozar este objetivo, los últimos años se han caracterizado por la confrontación de los partidos políticos, instalados en una campaña electoral permanente, y la consecuente parálisis de la acción legislativa y de gobierno. La nueva pluralidad política, que ya conocían gran parte de los países europeos de nuestro entorno, se ha convertido en el nuestro en una realidad mal gestionada que, hasta ahora, salvo contadas excepciones, no ha servido para mejorar la vida de las ciudadanas y de los ciudadanos. 

Nuestro país debe abandonar esta dinámica. España, nuestras comunidades autónomas y nuestros ayuntamientos necesitan una nueva cultura política en la que los partidos que estén en disposición de definir un mínimo espacio de actuación conjunta lo hagan. La competición de las campañas electorales, donde priman los protagonismos de las marcas y los líderes, debe dejar paso a una colaboración laica en la que el mestizaje de programas y proyectos permita acuerdos para que el país avance. Así sucede en nuestro entorno, donde veinte de los veintiocho países de la Unión Europea cuentan con gobiernos de coalición que desarrollan programas que han sido fruto del diálogo, la negociación y el pacto. Tras la contienda electoral, toca abrir el puño y tender la mano para buscar puntos de encuentro que faciliten el desarrollo de políticas centradas en mejorar la vida de la gente. 

En las ciudades no es diferente. La cultura del pacto debe abrirse también paso en los ayuntamientos, que en las últimas décadas han ido asumiendo un rol fundamental no solo en la prestación de servicios públicos a la ciudadanía, sino en la articulación de políticas para dar respuesta a los retos económicos, ecológicos y sociales que tienen hoy nuestras sociedades. Precisamente esta reivindicación de la cultura del pacto para avanzar es la que ha impulsado el preacuerdo de Gobierno que hemos alcanzado con el PSOE en el Ayuntamiento de Gijón/Xixón y que ahora deben ratificar las bases de ambos partidos. En total 88 puntos para un programa de gobierno que hemos dialogado, discutido, negociado y finalmente acordado, y que busca reconectar el Ayuntamiento con la ciudad. A lo largo de los próximos cuatro años queremos impulsar una acción integral que defina el modelo de ciudad en el que queremos vivir durante las próximas décadas; que fortalezca y diversifique nuestro tejido productivo; que avance hacia un sistema de fiscalidad municipal más justo y progresivo; que proteja el medio ambiente y preserve nuestro entorno natural mediante el desarrollo de políticas de sostenibilidad ambiental; que modernice nuestros servicios y equipamientos públicos; que promueva la participación ciudadana en el día a día de la ciudad; que sea solidaria y que tenga memoria. En definitiva, 88 puntos para que Gijón/Xixón avance. 

Para eso sirven los pactos: para avanzar.