Por un nuevo modelo productivo. #OrgullodeClase

Celebramos este 1º de Mayo, Día de la clase trabajadora, en unas condiciones inéditas: en plena crisis provocada por la pandemia mundial del coronavirus. Esta crisis sin precedentes está afectando no solo a la forma de relacionarnos y a nuestros hábitos cotidianos, también, y muy especialmente, a la economía y, por tanto, a las relaciones laborales y a las condiciones económicas de la clase trabajadora.

Desde Izquierda Unida creemos que hay una salida justa, social y democrática de la crisis, y que ello precisa un cambio profundo en las políticas económicas que vienen aplicando los diferentes gobiernos durante la última década. En la crisis económica del 2008 los gobiernos de turno facilitaron el despido, abarataron costes y desregularon el mercado de trabajo; deterioraron, en definitiva, los derechos de la clase trabajadora. Hoy, bajo el Gobierno de coalición las medidas están dirigidas a garantizar la protección de las clases populares, especialmente de los sectores más vulnerables.

La crisis sanitaria, que ya se ha transformado en una nueva crisis económica y social, no debe servir como coartada para que la mayoría social paguemos de nuevo los platos que rompió una minoría privilegiada que, como en 2008, está viendo oportunidades de negocio. Para ello, entendemos que son necesarias propuestas como el blindaje de los servicios públicos, más inversión pública y una reforma fiscal para que los ricos también paguen, como dice la Constitución.

Este 1º de Mayo va a ser un Día Internacional del Trabajo atípico en muchos sentidos, el más evidente va a ser la propia celebración de la jornada de lucha y reivindicación. Millones de trabajadores y trabajadoras estamos viendo el desmoronamiento de las políticas neoliberales mandatadas por una Unión Europea que debe abandonar el mensaje del ‘sálvese quien pueda’ si quiere estar a altura de este momento histórico. Desde Izquierda Unida seguimos apostando por la Europa de los pueblos, solidaria y democrática, que entienda esta crisis como una oportunidad para salir más fuertes en torno a medidas de inversión pública y protección social.

A este panorama complejo se suma la amenaza de la extrema derecha y de una derecha que se deja arrastrar a posiciones antidemocráticas. Las derechas han mostrado una actitud desleal y beligerante desde el primer día con el Gobierno de coalición porque, a pesar de las dificultades, defiende los derechos sociales de la clase trabajadora y de los sectores populares. Las derechas tienen un proyecto nítido de clase que pasa por el blindaje de los privilegios de las élites económicas. Desde el primer momento vieron en la crisis del coronavirus una oportunidad para acosar al Gobierno utilizando métodos hasta entonces inimaginables.

Las élites económicas y políticas no quieren derribar al Gobierno únicamente por cuestiones ideológicas, sino porque está sentando las bases para una salida de reconstrucción social, democrática y popular de la crisis. Algunos ejemplos de políticas que van en esta dirección son la facilitación de ERTES cubiertos por el Estado para que no se pierdan trabajos, la creación de una unidad de gestión para supervisar el cumplimiento de los derechos laborales, la prohibición de despidos, el permiso retribuido para trabajadores y trabajadoras no esenciales, el subsidio para las empleadas del hogar y la ampliación de la cobertura social, por ejemplo, a trabajadores y trabajadoras autónomas por primera vez en la historia de nuestro país. Estas políticas son las que realmente molestan a las élites económicas y a las derechas, y nos lleva a advertir que su gestión en estos momentos sería muy distinta, dramáticamente antidemocrática e injusta.

La crisis está poniendo de manifiesto que nos está salvando todo aquello que no existiría en el proyecto de sociedad de las derechas: servicios públicos, Estado protector y lazos comunitarios de cuidados. En su sociedad ‘ideal’ solo podrían salvarse los más ricos, aquellos que pudieran permitirse vivir aislados de la sociedad. Tras la crisis sanitaria y en los debates en torno a la reconstrucción social del país haremos hincapié en la necesidad de blindar servicios públicos como la Sanidad y la Educación, los sectores estratégicos de la economía, así como del reconocimiento efectivo de las labores de cuidados.

Denunciamos, un día como hoy, los ataques de las derechas a las organizaciones de clase, último bastión de defensa de los derechos de trabajadores y trabajadoras, tratando de debilitarlas en un momento en que son más necesarias que nunca. Ponemos en valor su papel como interlocutores sociales y como garantes de que el trabajo y los servicios se siguen prestando en las mejores condiciones de seguridad y salud, respetando los derechos y condiciones pactadas.

Desde Izquierda Unida seguimos anteponiendo los derechos de los trabajadores y las trabajadoras de nuestro país para que, en la senda de la justicia social, avancemos hacia una sociedad en la que hombres y mujeres convivamos en igualdad de oportunidades, donde el trabajo sea un derecho y todas las personas tengamos cubiertas las necesidades básicas para desarrollarnos dignamente como seres humanos.

Para ello necesitamos un cambio en el modelo productivo que acometa la reindustrialización que nuestro país necesita para ganar soberanía respecto a los llamados ‘mercados internacionales’, esto es, frente al gran capital trasnacional. Solo así dejaremos de depender de los especuladores, que únicamente buscan la maximización de sus beneficios privados por encima incluso de la salud de la ciudadanía.

La crisis del Covid-19 ha puesto de manifiesto las graves consecuencias de las políticas de privatización, con especial saña en el sector de la sanidad, en un momento en el que ha quedado claro que solo la Sanidad Pública nos protege a todos y a todas. Pese a la escasez de recursos generada por los recortes, los trabajadores y las trabajadoras sanitarias están dando un ejemplo de profesionalidad y de sacrificio.

No podemos pasar por alto que somos las mujeres, siempre, quienes más sufrimos las consecuencias del neoliberalismo y de las crisis. El empleo y los servicios de cuidados se ven afectados para las trabajadoras en general y, en particular, para las trabajadoras informales y las trabajadoras domésticas. La capacidad para conseguir nuestros medios de vida se ve altamente afectada por la crisis. Recordemos que las mujeres somos el 85% de personal de enfermería y casi el 100% del personal de limpieza de hospitales; somos el 70% de las trabajadoras de farmacias, el 90% de las limpiadoras de empresas, hoteles y hogares (incluido el servicio de empleadas domésticas) y cerca del 85% de las cajeras de supermercados. Tenemos que combatir la feminización de la pobreza, la falta de derechos, la división sexual del trabajo y la doble explotación.

La clase trabajadora no hemos olvidado lo que supuso la crisis del 2008. Los sectores más vulnerables se vieron obligados a sobrevivir gracias a las redes de solidaridad, mientras las oligarquías mantuvieron intactos sus privilegios a costa del deterioro de las condiciones de vida de la mayoría social. Por ello, en Izquierda Unida lo tenemos claro: un país justo y democrático sale adelante sin dejar a nadie atrás, es sensible con las personas más desprotegidas y defiende los derechos de quienes demuestran a diario con su esfuerzo que el motor del país son los trabajos a veces menos reconocidos. A todos ellos y ellas: gracias; por cuidarnos en los momentos difíciles y por sacar adelante el país cada día.

Por primera vez en las más de 35 modificaciones que ha sufrido el Estatuto de los Trabajadores, los sindicatos pueden intervenir en negociaciones, aunque no existan representantes sindicales en los centros de trabajo afectados. La labor de los compañeros y las compañeras sindicalistas que luchan en los centros de trabajo para defender los derechos laborales es imprescindible en la actual crisis. Hacemos un llamamiento a la organización sindical y colectiva de la clase trabajadora como mejor herramienta para nuestra defensa. De la misma manera, llamamos a participar en las movilizaciones sindicales, desde la gran movilización virtual convocada por CCOO y UGT, hasta cualquier otra reivindicación planteada para hoy por todas las organizaciones sindicales de clase en la lucha para mejorar las condiciones de la vida de la clase trabajadora.

Los trabajadores y las trabajadoras son esenciales siempre, con crisis y sin ella.

PARA QUE NADIE SE QUEDE ATRÁS
EN EL APOYO A LOS SINDICATOS DE CLASE
POR LA MEJORA DE LA VIDA DE LA MAYORÍA TRABAJADORA
VIVA EL 1º DE MAYO